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El hermano narco

¿Cómo le explica uno a quienes preguntan sorprendidos por el escándalo de la vicepresidenta de Colombia, Marta Lucía Ramírez, y su hermano narcotraficante convicto?

¿Cómo justificar que Álvaro Uribe, quien ocupó durante 8 años la primera magistratura, tuvo como principal asesor presidencial a José Obdulio Gaviria, primo hermano del tristemente célebre y despiadado narcoterrorista Pablo Escobar, y que haya sido ese gobierno uno de los más populares y controvertidos de Colombia?

¿Qué razones le deberíamos dar a quienes preguntan por el que fuera el máximo comandante de la Policía Nacional de Colombia y exvicepresidente, el general Óscar Naranjo, nombrado el mejor policía del mundo, mientras su hermano en el año 2006 fue condenado en Alemania por narcotráfico?

¿Cómo evadir la vergüenza de haber elegido a Ernesto Samper, un mandatario que seguramente hubiera perdido la campaña presidencial si no hubiese contado con el millonario aporte del Cartel de Cali?

¿Cómo justificar que hemos votado por una buena parte de congresistas que le rinden cuentas al narco-paramilitarismo y que por décadas la compra de votos ha sido su modus operandi para asegurar sus curules y ayudar a elegir al presidente de turno?

¿Cómo excusar ante los ojos del mundo que en un terreno propiedad de la familia del exembajador de Colombia en Uruguay, Fernando Sanclemente, se hallaron el pasado mes de febrero laboratorios de cocaína?

¿Qué le dices a quienes elogian los acuerdos de paz para hacerles entender que la leña que avivó el fuego de la guerra fue el cordón umbilical que los alzados en armas mantuvieron con el narcotráfico durante 40 años, y que con sus tentáculos de violencia y corrupción no se puede construir una paz sostenible?

¿Cómo argumentas que los narcos, los paramilitares y no pocos en las fuerzas armadas se atraen entre sí porque la guerrilla y el socialismo son un enemigo en común?

El periodista Gonzalo Guillén, que amparado por la justicia y la libertad de expresión, describe a Uribe como narco, paramilitar, mafioso, asesino, ladrón y matarife, fue coautor del reportaje de La Nueva Prensa que sacó a la luz pública la condena en una prisión estadounidense por narcotráfico del hermano de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez.

https://bit.ly/37sOOo5

El caso del hermano narco de la vicepresidenta nos recuerda parte de las respuestas: permitimos que el negocio sucio de las drogas penetrara en la política, en la justicia, en las fuerzas armadas, en las empresas, en la economía, en el sistema financiero, en los colegios y universidades, en el fútbol, en los reinados de belleza y en los clubes privados. Se metieron en la vida de muchas familias colombianas, sin importar la condición social.

A pesar de que muchos gobiernos han dado una lucha sin cuartel para enfrentar a los narcotraficantes con la muerte, la extradición, las largas condenas de prisión, la pérdida de sus propiedades, la vigilancia financiera, la inhabilitación política, y en parte, con el rechazo social, estas armas no han sido suficientes. Las millonarias ganancias del negocio han sido más poderosas.

¿Cómo es posible que la vicepresidenta, una mujer con una carrera política brillante -que no ha tenido ninguna otra colombiana y que muchas envidiarían- sume al país en la comidilla del señalamiento nacional e internacional por un secreto familiar que la avergüenza?

Marta Lucía Ramírez es una funcionaria que aprendimos a respetar por su seriedad, su firmeza y su compromiso con esas causas que compartimos como nación. Desde que hizo historia al convertirse en la primera ministra de Defensa de Colombia, la lucha contra el narcotráfico fue su principal objetivo.  La conocimos también por su prédica sobre la transparencia de lo público y la reivindicación de la mujer como una pieza fundamental en el desarrollo del país.

Ha tenido la valentía de liderar la guerra contra el temido mundo del narcotráfico, ha enfrentado a sus contrincantes políticos en encarnizados debates de campaña presidencial y ha dado una férrea pelea contra sus adversarios en acaloradas discusiones en el Congreso. Ha defendido en innumerables foros internacionales el potencial económico de Colombia y su talento humano.

Sin embargo, no tuvo el valor ni el coraje de contarnos, en algún momento de los últimos 23 años, que su hermano fue un narcotraficante confeso y que cumplió una pena de prisión en Estados Unidos a finales de los 90.  Solo se atrevió a hacerlo cuando una nota periodística del portal La Nueva Prensa la desenmascaró y no le quedó más remedio que afrontar el pasado familiar que la agobiaba.

“La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”, aseveró el filósofo Cicerón hace unos siglos atrás. Por más vergüenza que sintiera, por más solidaridad que tuviera con sus familiares, ella sabe muy bien que el desempeño de los funcionarios está expuesto al escrutinio público.  Incluso, su vida privada, que por la naturaleza de los hechos o de los temas, puede tener eco en la órbita pública.  Por ética, por transparencia, por asumir una mayor responsabilidad frente a la República desde los altos cargos que ocupó, la vicepresidenta debió haber confesado su secreto familiar mucho antes.

Como si fuera poco, ahora nos enteramos por la columna de Vicky Dávila en la revista Semana, que ni siquiera se lo contó al presidente Iván Duque.

https://bit.ly/2B8j77r

Se lo reveló el mismo día en que se publicó la primicia. ¿Lo sabía el presidente por otra fuente y aun así la designó como su compañera de fórmula? ¿Le habría contado el expresidente Álvaro Uribe? Marta Lucía ha manifestado que le relató de los antecedentes de su hermano a los expresidentes Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, quienes no tuvieron reparos para nombrarla ministra en sus respectivos gabinetes y ahora la han vuelto a respaldar.

Por respeto, lealtad y honorabilidad, Marta Lucía tenía la obligación de comunicárselo al entonces candidato Iván Duque. El presidente de un país agobiado por décadas por la tragedia sangrienta del narcotráfico, tiene derecho a saberlo.

Es de suponer que en esta oportunidad, Marta Lucía privilegió su propia carrera política por encima de los intereses de Colombia.  Estoy segura de que si hubiese admitido a tiempo, con sinceridad y entereza, el país no le hubiera cobrado tan alta la factura, porque nadie escoge a su familia.  Esa verdad, aunque dolorosa e incómoda, humanizaría una realidad con la que en Colombia nos tropezamos a la vuelta de cualquier esquina.  Ya es muy tarde y el escándalo le explotó en el pico de su carrera, salpicando la imagen de Colombia en el mundo, esa que tanto trabajo nos ha costado rescatar.

El escándalo aviva los señalamientos de sus opositores con respecto a los negocios del esposo de la vicepresidenta, Álvaro Rincón, con Guillermo León Acevedo, acusado de vínculos con el narcotráfico y el paramilitarismo y, de paso, a sus adversarios les da munición para atacarla por supuestos conflictos de interés que habrían beneficiado a los negocios familiares.

“Cuando asumimos, acordamos con el presidente Iván Duque lograr un gobierno eficiente y transparente que permitiera recuperar la confianza ciudadana en lo público”, escribió la vicepresidenta en su columna de El Tiempo del pasado 15 de enero

https://bit.ly/3hrY0NZ

¿Cómo podemos confiar en lo público cuando sus más altos representantes le ocultan a sus electores una verdad que tienen derecho a saber?

La vicepresidenta Ramírez es una funcionaria cuya larga trayectoria puesta al servicio de Colombia, ha sido ejemplo e inspiración para muchas colombianas. Lamentablemente este error de juicio de Marta Lucía Ramírez, sin dudas, le significará un alto costo político. No solo la confianza está minada, sino que su futuro político ha quedado seriamente comprometido.

Los colombianos no podemos darnos el lujo de exponernos a nuevos cuestionamientos sobre la relación del narcotráfico con amplios sectores de nuestra sociedad, pero sobre todo con nuestra clase dirigente, si es que algún día queremos sacudirnos, de una vez por todas, la imagen de pertenecer a una narcodemocracia.

34 Comments

  1. Que “agobia y que duele”?? Que pena que esta señora emplee estas palabras que seguramente si a alguien ha agobiado es a la Sra Martha Lucia.
    Creo que este era y es un tema, familiar que a ninguno nos importaba y no nos importa porque nada tiene que ver ni con nosotros, ni con el pais.
    Lo que si debería hacer la Yaniot es sacar no uno si no muchos comentarios, de que tengamos los Colombianos que aguantarnos tener en EL CONGRESO unos criminales que aparte de quedar impunes en un tratado negociado a traicion, ganen sueldo de los impuestos de cada ciudadano Colombiano y sus pobres víctimas tener que ver y saber esto tas absolutamente DESCARADO Y PERVERSO.
    Y que lmdecimos entonces cuando nos pregunten porque la llamada JEP dejo salir de la cárcel un narcotraficante perverso como alias Jesus Santrish para que luego escapara, así tan candidamente??
    Y que tal el otro tremendo traficante de drogas alias Ivan Marquez que estuvo años en Cuba disque negociando el tratado de paz??
    No se haga de la vista gorda Sra Janiot!! Y usted también aplíquese la coherencia de la que habla!!

  2. Una figura publica debe ser ejemplar. Si, es verdad uno no responde por las acciones de otros, pero cuando son familia se deben dar a conocer. De lo contrario callarlo se toma como aprobacion. Bueno, pero es que la VP en menos de un mes se ha visto envuelta en dos escandalos y los dos coincidencialmente tienen el mismo origen. Por elegancia y consideracion al Gobierno y al pueblo Colombiano deberia renunciar. Yo creo que debería salir s excusarse ante el pueblo Colombiano y por hay derecho renunciar.

  3. Y estos otros detalles de la investigación sobre Memo Fantasma, revelados por la investigación señalan: la Vice fue la palanca para el ingreso al colegio Nueva Granda de los hijos de Memo Fantasma, peligro millonario paramilitar y narcotraficante, vinculado con miles de asesinatos, asociado con la Vice y su marido en el proyecto Torre 85. Agrega la investigación: el general Santoyo, jefe de seguridad de A. Uribe, extraditado a E.U., estaba en la nómina de la empresa criminal Oficina de Envigado, que era el bastión criminal de Memo Fantasma. Dice también la investigación que el paramilitar Memo Fantasma trabajaba con Pacho Cifuentes, del clan del que forma parte Dolly Cifuentes, cuñada de Álvaro Uribe, extraditada en el 2012. Señala la investigación que el paramilitar Memo Fantasma al parecer prestó un helicóptero y financiación a la campaña de Mario Uribe, primo cercano de Álvaro Uribe, quien fue condenado a siete años de prisión por recibir dinero de los paramilitares y trabajar con ellos. (Link a la investigación: https://es.insightcrime.org/investigaciones/narcotraficante-invisible-memo-fantasma/?fbclid=IwAR0ZZklvilBe-CisJqswaHpZjKloPcyEbs0beXRKIRuIR-EcTBxqk68P9Dk).

  4. Como justificar la doble moral.de.muchos incluyendo periodistas, políticos y muchos colombianos que se cayan y se cegan al solo parcializarse vendiendo sólo un lado oscuro de la película y el otro está impune y hoy día gracias a esta impunidad les da derecho a juzgar a sus adversarios políticos….digo yo la justicia y todos estos procederes deberían ser imparciales, no juzgar con tinte político sino con raciocinio y por el bienestar de nuestra querida Colombia…

  5. Según datos de la ONU, cerca del 5% de la población mundial, más de 300 millones de personas, consumen drogas, cocaína principalmente, además de marihuana, heroína y opio.

    Por reportes de la Oficina de Drogas y Crimen de las Naciones Unidas, el narcotráfico genera ganancias anuales por un poco más de 650.000 millones de dólares que no pagan impuestos por ser ilegales. La economía mundial podría crecer un punto anualmente si los recursos puestos en el circuito del narcotráfico se destinaran al desarrollo de la economía formal. Estas cifras vienen aumentando en progresión geométrica.

    El consumo de la hoja de coca fue forzado por los conquistadores para mitigar el hambre, el sueño y el cansancio de los nativos que esclavizaban para su servicio. Se masificó así el uso de la hoja de coca que originalmente era exclusiva de los líderes religiosos en sus ritos espirituales.

    Los primeros arbustos de coca fueron llevados en 1750 de Sudamérica hacia Europa. En 1859 se alcanzó por primera vez el aislamiento del alcaloide por Albert Niemann. En 1898 se logró la explicación de la constitución y en 1902 la síntesis por Richard Willstätter. Desde 1879 se empleó la cocaína para tratar la dependencia en morfina. Hacia 1884 se usaba como anestésico en clínicas en Alemania. Aproximadamente al mismo tiempo Sigmund Freud escribió sobre los efectos de este estimulante en su obra Über Coca (sobre la coca).

    La cocaína es el único producto, la única “mercancía” de Latinoamérica, cuyo valor de venta no está supeditado a factores artificiales de alguna naturaleza, se encuentra sometida de verdad real y libremente a la lógica ley mercantil de la oferta y la demanda. Se cumple una condición económica fundamental: la generosa oferta es provocada por una descomunal demanda. Su ilegalidad, que aumenta su valor, favorece a los narcotraficantes, delincuentes que pasan por su Edad de Oro, y a los grandes bancos norteamericanos lavadores de dólares. Es un formidable poder económico que tiene a su servicio a personal clave de los gobiernos y de los supuestos organismos de control terrestre, aéreo y marítimo.

    Por sus riesgos, el del narcotráfico es el oficio mejor remunerado del mundo en el que encuentra su oportunidad la índole de tantos colombianos, tanto para hacer el bien como para desplegar el mal: atrevidos, capaces, dinámicos, ingeniosos, astutos, audaces, sagaces, creativos, innovadores, ambiciosos. Factores que se combinan con la ausencia de alternativas y la motivación para muchos, de salir de la miseria. Producen y comercializan el 70% de la cocaína que se consume en el planeta (El País.com.co Junio 25 de 2019)

    Gran parte de esos recursos, ilegales, son el combustible de la violencia de Colombia. Tal como sucede con muchas de las mercancías que exportamos, se establece una notable segregación. La basura mortal que consume aquí la gran mayoría de adictos, es un residuo fraudulento cuyo peso y volumen se rinde con materiales como cal, polvo de ladrillo o concreto, talco, analgésicos y otros, para dar espacio a un producto de exportación puro, limpio, blanco, que se deja para quienes pueden pagar altos precios.

    El usador usual de este estimulante es el oficinista, trabajador(a), estudiante, artista, directivo(a), empleado(a), político(a), científico(a), deportista, militar, empresario(a), turista, etc., en New York, Los Ángeles, Hong Kong, México, Londres, San Francisco, Medellín, Amsterdam, Buenos Aires, Chicago, Tokio, Valparaíso, Miami, Sao Paulo, París, Bogotá, Berlín, Roma, Cartagena, etc. No es el degenerado que vemos en las calles. Ese sucumbió como el alcohólico.
    Acabar con el vicio de esa multitud por moral y por salud? ni lo sueñen, es el negocio del milenio!, Es la justificación para invadir regiones, para extender ideologías.

    Un próspero negocio como lo fueron en su momento y hasta hoy, el cigarrillo, las bebidas alcohólicas, las bebidas azucaradas, la comida chatarra, el tráfico de armas y muchos más que son abiertamente letales e inmorales. Es un asunto financiero. Se combate la producción y no el consumo, resguardando el futuro de un negocio colosal.
    Paralelamente se desarrollan en laboratorios de USA y Europa, drogas anfetamínicas que producen efectos similares a los de la cocaína, que se venden a buen precio y que sigilosamente están inundando el mercado: pepas de colores mucho más fáciles de traficar y consumir, que pasan desapercibidas en discotecas, rumbeaderos, moteles, gimnasios y parques.

    Nadie podría asegurar que sea ese el propósito, pero no se puede negar que las políticas contra la producción de cocaína, favorecen nítidamente a la industria química internacional que produce y vende las drogas sintéticas.
    Algo así como si en los países de Latinoamérica declaramos ilegales los automotores que importamos, aduciendo que causan muchas muertes, para imponer los nuestros (que infortunadamente no tenemos). Pararíamos así el gigantesco desangre de divisas que genera ese concepto y le daríamos trabajo a mucha gente.

    Con la marihuana se llegó a una solución: investigaron, experimentaron y encontraron que se puede sembrar y producir en latitudes de USA, Canadá y otras regiones. Le “descubrieron” muchas virtudes a la yerba y la legalizaron, generando en sus países millones de dólares y muchos puestos de trabajo, neutralizando así el factor de pérdida de divisas.

    La mata de coca medra solamente en una zona específica de los Andes colombianos, ecuatorianos, peruanos y bolivianos. En otras partes del globo, en otros climas, es supremamente complejo que germine.
    Vendrá la implementación de las drogas sintéticas que importaremos “legalmente”. Presenciaremos un fabuloso trámite de marketing por su rivalidad con el alcohol (lo excluyen). Competirán entre marcas y en sus bonitos empaques de colores llevarán la consabida leyenda institucional: “Su consumo en exceso es perjudicial para la salud”, la especificación de que no es para menores de edad y la correspondiente caducidad y fecha de vencimiento.

    Sin embargo, Philip Morris y otras transnacionales, por medio de interpuestas personas, vienen desarrollando con muy bajo perfil, la adquisición de terrenos aptos para la siembra de la mata de coca. Proyectan vender también producto original de calidad.

    Es un fenómeno económico que sucedió con el árbol del caucho amazónico y el abono natural de Perú y Chile.
    La producción, distribución y venta de cocaína es un proceso de la economía de mercado.

    Es simple, es evolución industrial y comercial. ¡Es un negocio!

    DANIEL BERNAL

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