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El Experimento Secreto (primera parte)

Felipe Montejo no había visto a su gran amiga desde hacía muchos años.  Estaba ilusionado con la invitación a almorzar en la hermosa finca en Sesquilé, Cundinamarca, que Liliana Laserna había heredado de su madre.

En su memoria estaban grabados los atardeceres en medio del verdor de la Sabana de Bogotá que contemplaban desde la casona centenaria de grandes ventanales, con mobiliario de época y señorial, y una colección de arte colonial en la que se destacaban cuadros de Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos; que le daban al lugar un aire de aristocracia aún mayor.  La finca estaba rodeada de jardines muy cuidados, con variedad de plantas y flores en un espacio donde constantemente se movilizaban varios integrantes del servicio doméstico que se encargaban de atender los requerimientos de los invitados.

Allí, Felipe había conocido a la familia de Liliana y había pasado muchos fines de semana agradables con amigos comunes en torno a charlas de política, ciencia, literatura y religión.  Al fin y al cabo, se trataba de una familia de políticos visionarios y emprendedores con mentes privilegiadas en la que no faltaban los educadores, senadores, ministros, embajadores y ex presidentes que habían dejado su marca en la historia de Colombia.

Liliana es hija de Mario Laserna Pinzón, el fundador de la Universidad de los Andes.  Un hombre brillante que nació en París en 1923 en una familia acaudalada del Tolima. Obtuvo grados en Física, Matemáticas y Humanidades de la Universidad de Columbia y un post grado en Filosofía de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, además de su doctorado en Filosofía en la Universidad de Berlín.  Entre otras cosas, fue presidente del Partido Conservador, embajador en Francia y Austria y senador por el desmovilizado grupo guerrillero M-19, “porque tenían raíces bolivarianas y yo soy un gran creyente del pensamiento de Bolívar”, dijo alguna vez en una entrevista concedida al periódico El Tiempo.

Laserna Pinzón hablaba varios idiomas y en su paso por Princeton conoció al genio de la teoría de la relatividad, Albert Einstein.  No había cumplido los 26 años y Einstein tenía 70, pero a pesar de la diferencia generacional, compartían su pasión por la física.

Laserna Pinzón lo convenció para que integrara la Junta Consultiva Internacional de la Universidad de Los Andes.  Einstein aceptó y lo apoyó en su idea de crear una universidad laica e independiente del Estado.  De su amistad con Einstein quedó un fructífero intercambio epistolar que llevó a la creación de la Universidad de Los Andes en 1948.

El joven emprendedor se casó con Liliana Jaramillo, con quien tuvo 5 hijos:

Dorotea, Catalina, Carmen Julia, Liliana y Juan Mario Laserna Jaramillo.

Dorotea, casada con el hijo del expresidente Guillermo León Valencia, tuvo cuatro hijos, entre quienes se destaca la senadora uribista Paloma Valencia Laserna.

Catalina obtuvo un doctorado en Antropología de la Universidad de Cambridge.  Ha trabajado en un programa de educación con profesores de Harvard.  Vive en Boston y contrajo matrimonio con un ciudadano estadounidense y tiene dos hijas.

Carmen Julia contrajo matrimonio con un noble europeo, Rémi Jacques Le Caron de Chocqueuse, con quien tuvo un hijo.  La separación de su esposo la sumió en un grave estado depresivo.  Se lanzó de la ventana del hospital donde estaba internada.  Un lamentable incidente que la dejó en silla de ruedas.

Juan Mario falleció en un accidente de tránsito en las afueras de la ciudad de Ibagué en julio de 2016.  Fue senador, viceministro de Hacienda, codirector del Banco de la República.  Se casó y divorció de una estadounidense con quien no tuvo hijos.

Y Liliana Laserna, una pintora y escultora que se graduó del Instituto de Bellas Artes de Boston, tuvo una hija y vive en su finca en Sesquilé.

Laserna Pinzón no había cumplido los 26 años y Einstein tenía 70 y a pesar de la diferencia generacional, compartían su pasión por la física.

Liliana Laserna conoció a su amigo Felipe Montejo en Boston en 1982.  Ella tenía 26 años y Felipe Montejo, que estaba en un High School en las afueras de la ciudad, había cumplido 16 años.

Los presentó un hermano de Felipe, y desde entonces Liliana se convirtió en una especie de mentora y, en parte, fue determinante para influir en algunas decisiones de su amigo, quien aún tenía dudas sobre la carrera profesional que seguiría.

Felipe estaba admirado con su intelecto, su vena artística (desde entonces le ha regalado varios cuadros), sus excentricidades, su visión desafiante y poco convencional del mundo, su habilidad para hablar varios idiomas.  Liliana había nacido en Ginebra, Suiza, y junto con sus hermanos se habían educado en algunos de los mejores colegios y universidades de Colombia, Estados Unidos y Europa.

Aquella vez para el almuerzo programado en la finca de Liliana, Felipe, quien ya era un abogado, había viajado de vacaciones a Bogotá desde Estados Unidos, donde vive desde hace más de 25 años.

Felipe y Liliana mantenían una comunicación muy fluida por teléfono.  Eran confidentes.  Se aconsejaban mutuamente y compartían información de los nuevos desarrollos en sus vidas.  Felipe era uno de los pocos amigos con el que Liliana aún podía contar.

Aquel día de enero de 2016 se le hacía agua la boca pensando en el suculento almuerzo que le servirían.  Tenía nostalgia por esos sabores colombianos y recordaba las bandejas con abundante chicharrón y chorizo, la carne a la brasa y los jugos de mora que disfrutó varias veces cuando, en sus épocas de estudiante universitario que pasó en Colombia, Liliana Laserna lo invitaba a paseos en varias de las haciendas de la familia.

Cuando llegó a la finca “Las Juntas de Achury Boitiva” junto con su pareja estadounidense y otra amiga, la decepción que Felipe sintió fue tan grande, que se convirtió en otra confirmación de las sospechas que venía acumulando desde hacía algún tiempo.

Liliana había nacido en Ginebra, Suiza y junto con sus hermanos se habían educado en algunos de los mejores colegios y universidades de Colombia, Estados Unidos y Europa.

Los jardines estaban destruidos, la casa se veía abandonada, con las paredes vacías, descarapeladas y rastros de humedad.  Felipe y sus amigos notaron el tapizado rasgado de los sillones cuando los invitaron a sentarse en la sala de la casona de estilo colonial y observaron que en los pisos sucios y descuidados había incluso excrementos de perro. Para completar la escena, el polvo y la soledad se habían apoderado del lugar.

Liliana los recibió con aguardiente en una tarde soleada en la que no paró de fumar.

También les presentó a su novio, Camilo Fidel Pinzón Gómez, con quien Felipe había hablado por teléfono en forma esporádica a lo largo de los últimos años mientras Liliana pasaba al teléfono.

Era un hombre bastante menor que Liliana, sin aparente educación formal, pero que demostraba cierta astucia.

Liliana Laserna Jaramillo llevaba conviviendo con Camilo Fidel en la finca hacía por lo menos 10 años.  Según versiones de los allegados a la familia, se conocieron una vez que a Liliana se le dañó el televisor.  Camilo se presentó a arreglarlo y a partir de ese encuentro comenzó una relación amorosa que desde entonces ha desatado todo tipo de sospechas y resquemores en la familia de Liliana y en su círculo más cercano, incluyendo el propio Felipe.  Liliana Laserna le había contado en una de sus tantas charlas telefónicas que en el pasado Camilo Fidel había tenido vínculos con la guerrilla.

Felipe nunca supo que Camilo hubiese tenido algún trabajo durante todos los años que llevaba viviendo en la casa de la finca de Liliana.  Sin embargo, en una llamada reciente Liliana le comentó a Felipe que Camilo Fidel trabajaba llevándole los libros de contabilidad a un ciudadano ruso que vendía armas en Colombia.  Las dudas de Felipe sobre el compañero de vida de su amiga seguían aumentando.  Cada vez que Liliana le contaba a Felipe alguna historia sobre Camilo Fidel tenía detalles inverosímiles, sospechosos y llenos de misterio.

Felipe sí tenía una certeza: que la relación de Camilo Fidel con Liliana era de conveniencia, para aprovecharse económicamente de su amiga.

A su regreso en Bogotá, Felipe también quería conocer a la hija de Liliana.

En un viaje que Liliana hizo a Alemania quedó embarazada.  Estaba decidida a convertirse en madre soltera.  Volvió a Colombia a dar a luz a su hija que nació el 18 de enero de 1998.  Le dio el nombre de Jesseca Helene Laserna Jaramillo.

A los pocos años, la niña fue diagnosticada con autismo y Liliana entró en una frenética etapa en la que leía e investigaba cuanta información encontraba por internet sobre esta condición, sus causas y una posible cura.

En varias conversaciones telefónicas, Felipe comenzó a notar la obsesión de Liliana con este y otros temas.

Sin embargo; en una llamada reciente Liliana le comentó a Felipe que Camilo Fidel trabajaba llevándole los libros de contabilidad a un ciudadano ruso que vendía armas en Colombia.

El reencuentro en su finca de Sesquilé no fue la excepción.  Liliana comenzó a hablar sobre el tema y su compañero, Camilo Fidel, abrió un computador para mostrarle a Felipe y a sus amigos websites con teorías conspirativas sobre el origen del autismo.

Lili, como Felipe la llama cariñosamente, les dijo que las vacunas eran el origen del autismo.  Les hizo hincapié en que las vacunas eran producidas por las farmacéuticas que estaban controladas por emporios judíos y que se trataba de un complot de esta comunidad.

A su vez, Camilo Fidel les mostraba otras fuentes de información no muy confiable que describían tratamientos alternativos con células madre para la regeneración de órganos y neuronas que también podrían ser exitosos en el tratamiento del autismo.

En medio de esta conversación, Felipe le preguntó a Liliana por su hija Jesseca Helene. La quería conocer.  La respuesta lo dejó asombrado.

Liliana le contó que al día siguiente era el cumpleaños de su hija y que irían a visitarla a un instituto donde estaba recluida desde hacía algún tiempo participando en un tratamiento experimental con células madre en busca de una cura para el autismo.

Felipe le preguntó sobre el nombre del instituto y los médicos que la atendían.  La respuesta de Liliana lo dejó aún más perturbado.

Según Liliana Laserna, los experimentos se realizaban en un lugar secreto.  La operación la emprendieron sin registros ni permisos de las autoridades correspondientes para facilitar las pruebas clínicas “porque ni la Organización Mundial de la Salud quiere que encuentren la cura para el autismo”.

En su relato, Liliana contó que médicos investigadores de Alemania, Suiza y China habían viajado a Colombia para trabajar con niños autistas de diferentes países con el ánimo de encontrar una cura en un experimento secreto.

El experimento, según Liliana, estaba dirigido por un sobrino del científico alemán Wernher Von Braun, un ingeniero aeroespacial que trabajó para la Alemania Nazi en el desarrollo de cohetes balísticos.

Incluso Liliana le contó que había recibido una carta de su hija, quien tenía serios problemas de lenguaje y comunicación, en la que le agradecía a su mamá todo lo que había hecho por ella y de paso le contaba que estaba progresando muchísimo.

Liliana les aseguró: “En un año y medio se cura”.

Liliana contó esta historia en presencia de Camilo Fidel quien, de acuerdo a Felipe, fomentaba las historias conspirativas y secretas de su compañera.

Felipe comenzó a entender por qué los amigos y la familia la fueron dejando sola. Reconfirmó que el comportamiento y los relatos de Liliana obedecían a problemas mentales que con el paso de los años y el trastorno neurobiológico de su hija fueron empeorando.

Cuando llegó la hora del almuerzo, Liliana pidió un taxi para ir al pueblo a buscar la comida.  Felipe, sus amigos y Camilo Fidel se quedaron en la finca conversando mientras caminaban por un potrero.  En medio de la charla en torno a algunas disputas familiares, Camilo Fidel sorprendió a Felipe con otra afirmación que esta vez no le pareció tan descabellada: “La mamá de Liliana me acusa de haber violado a Helena; imagínese, hermano, y yo con lo que adoro a esa niña”.

Liliana regresó del pueblo con el almuerzo para todos.  No era tan suculento como lo esperaban: pollo, papas saladas y refresco Tang.